“El Ball
de Mantons”, el sábado por la noche, es la primera puesta en contacto con la fiesta.
Ya hace días que las “Vilanovinas” han sacado el “Mantón de Manila”, lo han
extendido y han repasado que los flequillos no estén envueltos.
Hay
quién tiene un “Mantón" para salir a la calle, a las Comparsas, pero muchas
tienen otro para lucirlo en este “Ball de Mantons”. Y es que la peculiaridad
del baile cae, precisamente, en esta apertura de la fiesta tan elegante que dan
los “Mantons” a los hombros de las “Vilanovinas”. El interior de varios locales
acoge la música que tiene que hacer bailar estos “Mantons” y las americanas de
los “Vilanovins”, que intentarán estar a la altura que marcan los espléndidos “Mantons”.
Locales
más o menos grandes, orquestas más o menos consolidadas, pero todo el mundo con
muchas ganas de empezar a degustar la fiesta. En los últimos años, Vilanova i
la Geltrú no dispone de entoldado, pero hasta hace poco tiempo la ciudad había
llegado a tener hasta tres entoldados, que se llenaban de “Vilanovins”
procedentes de varias entidades. El crecimiento de la ciudad, la
diversificación de la oferta y otros factores sociales han hecho que los
escenarios de los “Balls de Mantons” de hoy hayan variado, pero el espíritu se
ha mantenido.
Aquellos
“Mantons” que singularizan el baile son el recuerdo de una Vilanova
estrechamente ligada con América. El Ball de Mantons simboliza el aroma de las
fiestas de los “americanos vilanovins”, unos encuentros elegantes, señoriales,
refinadas… por una fiesta que tiene que soltar todo el desmadre en pocos días.
