Ball de Mantons 2016

Rosa Altés 1998
Vilanova se viste de gala el sábado antes del Dijous Gras. Es la primera toma de contacto con un Carnaval singular, único, irrepetible, con todos los matices de una fiesta tradicional, arraigada, pero que cada año se celebra de manera diferente y con actividades efímeras que tan sólo quedarán en la memoria de los presentes.

“El Ball de Mantons”, el sábado por la noche, es la primera puesta en contacto con la fiesta. Ya hace días que las “Vilanovinas” han sacado el “Mantón de Manila”, lo han extendido y han repasado que los flequillos no estén envueltos.
Hay quién tiene un “Mantón" para salir a la calle, a las Comparsas, pero muchas tienen otro para lucirlo en este “Ball de Mantons”. Y es que la peculiaridad del baile cae, precisamente, en esta apertura de la fiesta tan elegante que dan los “Mantons” a los hombros de las “Vilanovinas”. El interior de varios locales acoge la música que tiene que hacer bailar estos “Mantons” y las americanas de los “Vilanovins”, que intentarán estar a la altura que marcan los espléndidos “Mantons”.
Locales más o menos grandes, orquestas más o menos consolidadas, pero todo el mundo con muchas ganas de empezar a degustar la fiesta. En los últimos años, Vilanova i la Geltrú no dispone de entoldado, pero hasta hace poco tiempo la ciudad había llegado a tener hasta tres entoldados, que se llenaban de “Vilanovins” procedentes de varias entidades. El crecimiento de la ciudad, la diversificación de la oferta y otros factores sociales han hecho que los escenarios de los “Balls de Mantons” de hoy hayan variado, pero el espíritu se ha mantenido.
Aquellos “Mantons” que singularizan el baile son el recuerdo de una Vilanova estrechamente ligada con América. El Ball de Mantons simboliza el aroma de las fiestas de los “americanos vilanovins”, unos encuentros elegantes, señoriales, refinadas… por una fiesta que tiene que soltar todo el desmadre en pocos días.

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