La Llegada de Su Majestad el Rey Carnestoltes en Vilanova es el viernes. Al rey de los tarambanas lo recibimos con la licencia filológica de poner una V al verbo llegar y con el deje italianizando que acaba conformando la palabra “vilanoví arrivo”, una palabra que la reanudación democrática fue fortaleciendo, gracias al papel de diferentes sociedades históricas de la villa que fueron tejiendo unos “arrivos” cada vez más celebrados.
Su Majestad llega a un punto indeterminado y con poco protocolo a la ciudad —que acostumbra a cambiar de un año al otro— y disfruta de la generosa comitiva de sociedades que lo van a recibir. El desfile de carrozas muestra los ejes de la ciudad: parodia de temas locales o nacionales en la mayor parte de entidades, mientras que otras prefieren optar por coreografías, músicas y vestidos más aproximados a carnavales de lentejuelas como los brasileños. Las ganas de fiesta, pero, son presentes en todos los componentes de un “Arrivo” que acaba siempre a la plaza de la Villa con el Sermón de Carnestoltes, un sermón que ha vivido todo tipo de formatos de espectáculo, más o menos teatralizados, con el objetivo de guasear y crítica sarcástica, irónica y más o menos contundente de varios aspectos de la actualidad municipal o nacional.
El “Arrivo” significa el inicio del no parar. Por la noche, el Baile del “Arrivo” alarga la fiesta para todo el mundo que lo quiera.

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